En Estancia Chochoy Mallín, cada día ofrece una invitación distinta: escuchar el río al amanecer, seguir las huellas del ganado, montar a caballo por la cordillera o compartir el silencio que antecede al primer pique.
Más que actividades, son rituales patagónicos, vivencias que conectan con el alma del lugar, su gente y su ritmo natural.
Aquí, el lujo no se mide en comodidades, sino en la intensidad de lo simple: un mate junto al fuego, una jornada de trabajo en el campo o la emoción contenida de una trucha salvaje tomada en superficie.
Tres ríos –Reñi Leuvú, Trocomán y Ñireco- atraviesan la estancia como arterias vivas. En ellos, la pesca con mosca se convierte en un acto de contemplación, una conversación silenciosa entre el pescador y la naturaleza.
Cada jornada está diseñada para un grupo reducido: dos pescadores por guía, acceso exclusivo a más de 15 km de aguas privadas, y la posibilidad de combinar sectores de spring creeks, freestones y lagunas de altura.
La devolución obligatoria y el profundo respeto por el entorno definen esta práctica como una forma de meditación más que de deporte. Las tardes cierran en el lodge, frente al fuego, con un Malbec de Mabellini en mano y el murmullo de historias de río que vuelven a nacer cada noche.