Delfina Angió es la chef y está a cargo de los fuegos. Es quien diseña la carta, prueba, corrige y se entusiasma con cada combinación. Fernanda Floridia es la voz del salón: servicio y presencia en los detalles.
Después de casi ocho años con Mi Piace, -cafetería donde Delfina es socia-propietaria y Fernanda su pastelera-, ambas sintieron que ya era hora de abrir otra puerta. “La cafetería nos acotaba. En las cenas podemos expandirnos un poco más”, dice Fer. Y esa frase resume el espíritu con el que nació Casa Fauca en julio de 2025: crecimiento y nuevos horizontes.
Origen y trayectoria
Delfina estudió en El Obrador Escuela de Arte Culinario en Bariloche, donde se formó como cocinera y pastelera profesional. Se mudó a Buenos Aires para trabajar en una pastelería de Barrio Belgrano, sumando oficio con el vaivén cotidiano. Volvió a Bariloche a una cocina “de dos por dos” con un horno, una batidora, algunos moldes y mucha voluntad para encarar su primer emprendimiento. Después, llegó la cafetería Mi Piace, que creció y se afianzó rápidamente.
Fernanda, en cambio, es autodidacta. Se sumó al equipo de la cafetería donde aprendió de Delfina y de una experiencia trabajando en Australia, en una pastelería sin TACC y sin lactosa que le abrió la cabeza a otras técnicas y formas de crear.
Técnicas y sabores de Occidente, pinceladas de Oriente
La propuesta de Fauca es viajada y honesta. “Me gusta mucho la cocina oriental”, cuenta. Lo dice Delfina, quien recorrió Tailandia e Indonesia y en cada viaje a Buenos Aires, vuelve del Barrio Chino con especias nuevas para probar. Por eso la carta combina preparaciones clásicas, técnicas francesas, guiños mediterráneos y sabores asiáticos.
La lista de vinos -por ahora, breve- incluye etiquetas patagónicas como Wapisa y mendocinas como Funckenhausen. También hay cocktails, mocktails y otras bebidas sin alcohol. Además, hay una intención de abrir el espacio a eventos y experiencias que hagan del restaurante algo más que un lugar para cenar.
Un espacio que revive
La casa -una construcción antigua con fachada de troncos a la vista- está rodeada de un parque y una arboleda muy verdes, haciendo honor al barrio que la acoge. Su interior es cálido y el ambiente, íntimo y despojado con capacidad para veinticinco cubiertos y la posibilidad de extender diez más para eventos. Sus ventanales invitan a llevar la mirada al exterior y contemplar el verde que también está presente en el salón. Hay algo vivo allí, una suerte de continuidad.
Si bien ahí funcionaron varios restaurants y alguna casa de té, los dos últimos años el lugar estuvo abandonado. “Nos costó muchísimo levantarlo”, admite Fernanda. Amigos y familia ayudaron a pintar, acondicionar el salón y a armar las mesas. La decoración, la elección de la vajilla y cristalería también fue resuelto por ellas. Incluso ya imaginan el fogonero que instalarán en el parque para disfrutar las noches. Ese es el espíritu: cercano, cálido, personal.
“Paso horas en la cocina, pero lo disfruto. El que tiene pasión por la gastronomía, lo entiende. Al principio, hay mucho trabajo y disciplina, es así como los proyectos rinden sus frutos” dice Delfina.
“Casa Fauca no es bodegón ni cena en pasos”, dice Fer. Es otra cosa: una propuesta joven y fresca que llega para sumar diversidad al mapa culinario de Bariloche, que busca sorprender y se despliega sin pretensiones. Y aunque todavía sienten que están en el “primer escalón”, como dice Fer, el crecimiento ya empezó.
