Desde muy chico, Joaquín Facio entendió la cocina como un territorio de acción. En su casa, cuando había ingredientes pero faltaban ganas de combinarlos, era él quien tomaba la posta. Ese gesto cotidiano, casi intuitivo, marcó el inicio de un camino que con los años se transformaría en vocación, oficio y proyecto de vida.
A los 15 ya tenía sus primeras experiencias profesionales: fines de semana en un catering, turnos sueltos en restaurantes mientras todavía terminaba el colegio. Nunca dudó. Apenas egresó de la secundaria se dedicó de lleno a la gastronomía y se formó en el IAG, en Buenos Aires, su ciudad natal. Pero el verdadero punto de inflexión llegó en 2009, cuando se fue a Ushuaia a trabajar a un lodge de pesca. Allí, en un entorno remoto, comenzó su carrera gastronómica. Después de esa temporada recaló en Bariloche, un destino que lo atrapó de inmediato y que decidió convertir en hogar. Primero, trabajó en hotelería, sumando experiencia, rigor y una mirada integral del servicio. En 2016 volvió a Buenos Aires con un desafío distinto: dirigir una gran empresa de catering y liderar tres aperturas. Fue una etapa clave para ampliar su perspectiva. Aprendió a gestionar costos, diseñar cocinas de producción, armar equipos y entender que la gastronomía también se juega con Excel.
Hoy Joaquín Facio está al frente de tres proyectos gastronómicos en Bariloche: Nené, La Cascada Beach -el parador de playa que funciona en verano- y Auita, el restaurante del Hotel La Cascada by Don, que abrió sus puertas en julio de 2025. Auita es, de algún modo, una síntesis de todo su recorrido. Los proyectos los comparte con su socia Melina Lázaro, a cargo del servicio, y con un equipo sólido que incluye a Esteban Marcelo Rivas como maître y sommelier, además de un staff de cocina y sala cuidadosamente formado.
Definir la cocina de Auita no es sencillo y eso es parte de su encanto. Facio prefiere hablar de producto, técnica e inspiración. Trabaja con ingredientes nobles de la zona, cuida la trazabilidad y parte siempre de una premisa clara: encontrar un buen producto y pensar cómo enaltecerlo, intervenir lo justo para que llegue a la mesa en su mejor versión.
En Auita, sin ser un fine dining, el nivel de elaboración, la calidad del producto y el cuidado en la preparación podrían entrar perfectamente en esa categoría. La diferencia está en el ambiente: una propuesta más distendida, relajada, donde la sorpresa llega a través del plato.
La barra también tiene su protagonismo. A cargo del bartender Lautaro Rosentino, la carta apuesta al perfect serve: la mejor versión posible de los clásicos.
Desde Auita, la invitación es animarse a cruzar la puerta de un hotel para vivir una experiencia gastronómica que sorprende. Porque detrás de cada plato hay recorrido, pensamiento, producto y una vocación genuina por el oficio.
