Puerto Varas tiene una de esas geografías difíciles de olvidar. A orillas del lago Llanquihue, con el volcán Osorno recortándose en el horizonte, la ciudad combina arquitectura de herencia germana, jardines, su costanera y una relación íntima con el paisaje. Fundada por colonos alemanes a mediados del siglo XIX, conserva en sus casas de madera y tejuelas, en sus techos a dos aguas y en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, algunas de las huellas de aquella historia.
Pero quizás lo más atractivo de Puerto Varas sea lo que sucede apenas uno se aleja de su centro. Lagos, volcanes, bosques nativos, ríos y aguas termales construyen un territorio donde el viaje pide bajar el ritmo. En este rincón de la Patagonia chilena, un fin de semana alcanza para combinar exploración y bienestar, buena mesa y naturaleza, con una idea de lujo que tiene menos que ver con cuánto hacer y más con cómo vivir cada momento.
Check in en AWA
Hotel AWA, el primer hotel en Chile en obtener la certificación de Empresa B, no es simplemente un lugar donde alojarse, es una forma de relacionarse con el entorno. Nacido de una conexión familiar profunda con el Lago Llanquihue, lo que comenzó como un refugio personal evolucionó en una visión de hospitalidad consciente y auténtica que hoy recibe a viajeros de todo el mundo con la misma calidez con la que se recibe a un huésped en casa.
Emplazado sobre la ribera del lago con vistas directas al volcán Osorno, el hotel boutique de propiedad familiar combina una arquitectura contemporánea -hormigón a la vista, maderas nativas, piedra volcánica de la zona- con un servicio personalizado que anticipa lo que el huésped necesita antes de que lo pida. Las habitaciones tienen ventanales de piso a techo que enmarcan el lago y el volcán como si fueran obras vivas que cambian con la luz. El check in, en AWA, es el comienzo de algo más.
Puerto Montt y el mercado de Angelmó
La mañana del primer día propone salir del hotel y recorrer los 25 kilómetros que separan Puerto Varas de Puerto Montt por la Ruta 5 Sur. El trayecto dura menos de media hora y, cuando el clima lo permite, regala vistas despejadas hacia los volcanes Osorno y Calbuco.
Puerto Montt es una ciudad con otro ritmo. Capital de la Región de los Lagos y puerta de entrada a la Patagonia chilena, tiene la energía de un centro urbano de mayor dimensión: tráfico, costanera, catedral, movimiento de barcazas y ferris en el puerto. Pero su atractivo más genuino está en Angelmó, el mercado típico donde los pescadores descargan diariamente locos, erizos, cholgas y piures que hacen suspirar a cualquier amante de la cocina de mar. Las preparaciones mapuche -curanto a la olla, tortillas de rescoldo, sopaipillas- conviven con “kuchenes” y otros dulces de herencia alemana en una convivencia gastronómica que dice mucho sobre la identidad del sur. Junto al mercado, la feria artesanal despliega tejidos de lana de oveja, ponchos, tallados en madera y canastos de fibras naturales que hacen de Angelmó un espacio donde la tradición artesana sigue viva y se renueva con cada objetivo.
Termas del Sol: agua caliente en el bosque nativo
Desde Puerto Montt, el plan continúa hacia Caleta La Arena para cruzar el Estuario de Reloncaví en ferry hasta Caleta Puelche, con una duración de 30 minutos. Desde Puelche, la ruta continúa hacia Río Puelo y las Termas del Sol, ubicadas cuatro kilómetros antes de llegar al pueblo, en plena comuna de Cochamó.
El complejo, inmerso en un exuberante bosque nativo, cuenta con diez piscinas de piedra conectadas por 650 metros de pasarelas con vistas sobre la Laguna Sin Nombre y el entorno selvático que las rodea. Las aguas provienen de napas calentadas naturalmente por la actividad volcánica del volcán Yates: brotan a 60°C y, al mezclarse con aguas del estuario de Reloncaví, adquieren un carácter clorurado-sódico. En las piscinas, las temperaturas oscilan entre 36 y 45°C, creando distintos microclimas para cada momento del día.
Pasar el día aquí es algo simple y, a la vez, profundo: sentir el cuerpo relajado, el bosque húmedo alrededor, el sonido del agua y el silencio del sur. La cafetería del complejo resuelve el almuerzo con lo necesario, sencillo pero sabroso: sándwiches, sopas y postres.
La vuelta al lago
Hacia el final de la tarde, el regreso a AWA por el mismo camino que trajo hasta aquí, con la diferencia de que el cuerpo ya procesó la jornada y el lago Llanquihue espera con otra luz. La piscina climatizada del hotel con vistas panorámicas al volcán y al agua es el lugar exacto donde dejar que las últimas horas terminen de asentarse, sin apuro.
Segundo día: Saltos de Petrohué
El desayuno en AWA merece tiempo. Después, el plan del segundo día tiene un solo destino: los Saltos del Petrohué, a 67 kilómetros de Puerto Varas dentro del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el parque nacional más antiguo de Chile, fundado en 1926.
El Río Petrohué nace en el Lago Todos los Santos y recorre 36 kilómetros antes de desembocar en el estuario de Reloncaví, precipitándose en el camino sobre formaciones de lava basáltica de entre 30.000 y 90.000 años de antigüedad generadas por erupciones del volcán Osorno. El resultado es una serie de rápidos y caídas escalonadas de agua turquesa intensa que se abre paso entre la roca volcánica y el bosque húmedo en una de las postales más genuinas del sur de Chile.
Los senderos son accesibles y bien señalizados, lo que permite recorrer los miradores a un ritmo pausado sin perder ninguna perspectiva. En invierno, con menos visitantes y una luz más baja que recorta los bordes del paisaje de otra manera, los Saltos tienen una dimensión casi íntima. El agua no cambia, la escala tampoco. Pero la sensación de tenerlos casi para uno solo sí.
El sur siempre da más
Un fin de semana en Puerto Varas y sus alrededores no alcanza para agotar lo que la Región de los Lagos tiene para ofrecer. Pero sí es suficiente para entender por qué este rincón del sur de Chile sigue siendo uno de los destinos más buscados de la Patagonia, porque aquí el lujo no se acumula en servicios sino en la calidad de lo que se vive. Un ferry de 30 minutos sobre el estuario. Agua termal en el bosque. Un volcán visto desde una piscina. Una cascada de agua turquesa que lleva miles de años siendo exactamente lo que es.
