Hay una pregunta que define a la arquitectura de Hotel AWA desde su concepción: ¿cómo construir en uno de los paisajes más extraordinarios de Chile sin competir con él? La respuesta que encontró su propietario y arquitecto Mauricio Fuentes no fue imitar el entorno ni reproducir el estilo típico de la zona -esa mezcla alemana-chilota que caracteriza a Puerto Varas- sino hacer exactamente lo opuesto: apostar por un lenguaje contemporáneo y honesto que dialogue con la naturaleza desde la diferencia.
El resultado es un edificio de hormigón armado a la vista, con rasgos brutalistas que se manifiestan sin disimulo tanto en exteriores como en interiores. Lejos de resultar ajeno al entorno, ese gesto de honestidad constructiva es precisamente lo que permite que el paisaje entre: las grandes aperturas hacia el exterior enmarcan el lago Llanquihue y el volcán Osorno como si fueran obras en sí mismas, cambiando con la luz, las estaciones y el clima. El diseño no compite con la naturaleza, la acompaña.
El proyecto se emplaza en la ladera sur del lago Llanquihue y su organización general responde a una geometría de 45 grados con relación al borde de la playa. Esa decisión no es caprichosa: los volúmenes de las habitaciones y los recintos interiores se articulan siguiendo esas directrices para generar tensión visual permanente hacia el agua y el volcán. Todos los espacios habitables están orientados al nor-oriente y nor-poniente, aprovechando al máximo el asoleamiento en un clima predominantemente frío. El edificio se calienta con el sol de la mañana y la tarde; la arquitectura trabaja a favor del confort sin recurrir a artificios.
De esa misma geometría nace uno de los gestos más audaces del proyecto: la piscina temperada, que parece volar sobre el lago en hormigón armado. Sus costados y cubierta son completamente vidriados, recibiendo radiación solar durante todo el día y enmarcando una vista que difícilmente se olvida. Nadar en esa piscina es estar suspendido sobre el lago con el Osorno al frente.
La fachada que enfrenta la ruta 225 propone otra lectura del edificio: un muro cortina de estructura metálica de cuatro alturas y más de 14 metros que recrea el entramado del bosque. Esa permeabilidad conecta visualmente el interior con los cerros y laderas del sur, mientras que el cubo de acceso -también de hormigón armado, rotado 45 grados- recibe al visitante con una volumetría rotunda y precisa que anticipa el carácter de todo lo que viene después.
Si la geometría define la relación de AWA con el paisaje, la materialidad define su relación con el territorio. En la construcción se priorizaron materiales de la zona: ciprés de las Guaitecas en las bases de las escaleras, en revestimientos de exteriores y en el spa; maderas nativas en pisos y revestimientos interiores; piedra laja y volcánica de la región como complemento de la arquitectura. Cada material fue elegido por lo que aporta sensorialmente -calidez, textura, aroma- y por su pertenencia al lugar. El hormigón es estructura y piel al mismo tiempo; las maderas y piedras son el territorio hecho interior.
Las habitaciones expresan esa misma filosofía. Refugios íntimos donde el confort se funde con el paisaje a través de ventanales de piso a techo que hacen de la luz, el agua y el cielo protagonistas permanentes. No hay ornamentación que distraiga: la vista es suficiente.
La arquitectura de AWA no termina en el edificio. El proyecto contempla invernaderos y cultivos orgánicos de explotación artesanal que abastecen al hotel, integrando la producción al paisaje que se ve desde las habitaciones. Esa coherencia entre lo que se construye y lo que se consume es parte de una filosofía más amplia que atraviesa todo el emprendimiento: AWA fue el primer hotel en Chile en obtener la certificación de Empresa B, un reconocimiento a su impacto social y ambiental positivo.
La propuesta gastronómica sigue la misma lógica: cocina contemporánea con técnicas internacionales y producto local como protagonista. Ingredientes de pequeños productores de la zona y de la huerta orgánica del hotel dan vida a platos que narran el territorio en el plato, en sintonía con la misma honestidad que define al edificio que los aloja.
AWA integra además la Ruta de Hoteles MICHELIN Chile 2025 y The B Route, una travesía creada por Esencia Patagonia que propone lujo consciente y una inmersión auténtica en la Patagonia profunda. Un hotel que, como su arquitectura, no busca imponerse al paisaje sino habitarlo con inteligencia y respeto.
