Las Balsas: una cocina que nace de la naturaleza

A orillas del Nahuel Huapi, el primer Relais & Châteaux de Latinoamérica celebra los productos de estación con una mirada contemporánea y una filosofía que privilegia el origen, la sencillez y el tiempo.

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Fotos: Clara Bustinduy

Sentarse a comer implica, antes que nada, detenerse. En Las Balsas, el lago Nahuel Huapi se proyecta sobre una bahía frente a la casa, el bosque la rodea y la arquitectura acompaña. Aquí, el entorno genera el marco propicio para esa pausa. Desde 1988, este refugio de Villa La Angostura construye su identidad alrededor de ese equilibrio. Su cocina sigue la misma lógica: precisión, sencillez y una pregunta: ¿qué ofrece hoy este territorio? La respuesta cambia con las estaciones. 

Al frente de la gastronomía está Duvan Ochoa, chef colombiano que encontró en la Patagonia una manera distinta de entender el oficio. Después de años de trabajo en cocinas donde la técnica podía ocupar el centro de la escena, llegó a un lugar en el que el producto y su procedencia marcan el camino. La filosofía Slow Food aparece así como una práctica cotidiana: atención al origen, respeto por los ciclos naturales y protagonismo a los productos son parte de una misma manera de relacionarse con el paisaje. El resultado es una cocina contemporánea y precisa, donde cada ingrediente encuentra su lugar sin artificios innecesarios.

Una mesa para cada momento del día

En Las Balsas, la experiencia gastronómica acompaña el ritmo de la jornada. El desayuno coincide con las primeras luces sobre el Nahuel Huapi, cuando el lago todavía parece inmóvil. Mermeladas caseras, pan recién horneado, trucha ahumada y huevos de productores locales llegan a la mesa del comedor o, si el clima lo permite, a la terraza. Es una invitación a empezar el día sin apuro, con el paisaje como primera compañía.

Al mediodía, la mesa espera con una cocina que encuentra su expresión más fresca durante el verano y se vuelve más reconfortante a medida que avanza el otoño. Los vinos seleccionados por la sommelier completan una experiencia pensada para disfrutar sin prisa.

La tarde tiene su propio ritual, el té se sirve junto al fuego o en la terraza, mientras el sol desciende sobre las montañas. La pastelería de la casa, el dulce de leche de campo y las tortas de estación acompañan ese momento de pausa. Cuando la luz empieza a cambiar, una copa de champagne francés puede prolongar la contemplación del paisaje.

La cena, en cambio, propone una inmersión más profunda en la cocina de Ochoa. Con el lago perdiéndose lentamente, el menú degustación -de seis u ocho pasos- despliega distintas lecturas de la tradición patagónica desde una mirada personal. La secuencia se construye alrededor de los productos de temporada y encuentra en el maridaje un diálogo que amplía los matices de cada plato. También hay opciones a la carta, para quienes prefieren elegir su propio recorrido.

Vinos que conversan con el paisaje

La experiencia continúa en la cava, que reúne más de 150 etiquetas argentinas e internacionales seleccionadas por Daniela Scigliano, head sommelier de Las Balsas. Su criterio parte de una convicción: lo que hay en la copa debe conversar con el lugar en el que estamos.

La selección presta especial atención a los Malbec de altura y los Pinot Noir patagónicos, junto con vinos de otras regiones del mundo capaces de acompañar la diversidad de la cocina. Scigliano también guía degustaciones de gin de origen argentino, elaborados con botánicos patagónicos y servidos en la terraza, cuando los últimos tonos del día se reflejan en la montaña. Para quienes buscan profundizar en el mundo del vino, es posible organizar degustaciones privadas en la cava con reserva previa.

Para saber antes de ir

El restaurante de Las Balsas está abierto todo el año y recibe tanto a huéspedes del hotel como a visitantes externos, siempre con reserva previa con al menos 48 horas de anticipación. La propuesta se adapta, previo aviso, a distintas necesidades alimentarias y hay menú degustación vegano disponible. El dress code es smart casual, relajado pero cuidado, con la invitación implícita de prestarle atención a la ocasión.

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