MadreSelva: orfebrería inspirada en el paraíso

En Villa La Angostura, Micaela Yarza convierte la Patagonia en amuletos. Sus joyas combinan técnicas ancestrales y una mirada contemporánea que guarda la memoria del fuego, el tiempo y la materia.

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Micaela Yarza es orfebre y artista, alguien que siempre sintió la necesidad de estar cerca de la naturaleza como fuente de inspiración. En Buenos Aires, su ciudad natal, donde estudió la carrera de Bellas Artes, “me quedaba sin palabras”, asegura. Y en Villa la Angostura se reencontró con el lenguaje artístico para crear.

En la Patagonia, la materia apareció a sus pies, en cada caminata: piedras, madera, formas y texturas que podían convertirse en punto de partida para una idea. De pronto, el paisaje se convirtió en una “maqueta”. Así se fue consolidando MadreSelva, cuando todavía no sabía si su camino sería la cerámica, la joyería o alguna otra forma de expresión. El nombre nació de su deseo de mantenerse conectada con la naturaleza sin limitarse a una sola disciplina. 

La fascinación de Micaela por la joyería tiene que ver con su permanencia. El metal habla el lenguaje de lo eterno, puede atravesar siglos y civilizaciones; una pieza encontrada mucho tiempo después todavía puede hablar de quienes la hicieron, de su época y de su manera de entender el mundo.

“Mis amuletos tienen la magia de la Patagonia y me gusta que eso se refleje en mi arte”, explica acerca de la esencia de su oficio: poder crear una pieza que trascienda su función decorativa y pueda cargar y transmitir emociones. 

En MadreSelva, trabaja principalmente con plata 925 y bronce. Parte de la granalla de plata -pequeñas esferas de metal-, que funde mediante un soplete de oxígeno y gas para alcanzar temperaturas elevadas y transformar el material en una nueva pieza. A esa exploración suma piedras que encuentra durante sus viajes, como granates y amatistas. Su interés por las técnicas ancestrales la llevó a incorporar la fundición en tierras Delft, que utiliza una mezcla de arcilla, arena y aceites para reproducir formas. La matriz se comprime alrededor de un modelo, que luego se retira para dejar el espacio por el que circulará el metal fundido. “Así se hacían en la antigüedad las esculturas de caballos gigantes”, dice. 

Si las primeras colecciones de MadreSelva estuvieron marcadas por las montañas, las estrellas y el cielo, la más reciente incorpora una historia más compleja. “Volcánica”, su colección más reciente, toma como punto de partida la erupción del volcán Caulle-Puyehue en 2011, que cubrió de ceniza amplias zonas de la región y transformó la vida cotidiana de sus habitantes.

La ceniza, la lava y las huellas de la erupción hablan de destrucción, pero también de los procesos que permiten volver a empezar. “El lugar pasó por una crisis, pero luego de unos años los bosques están más verdes que nunca y los lagos se volvieron turquesa. Mi joyería habla de esa transformación y la vuelta de la belleza”, afirma. 

Si las primeras colecciones de MadreSelva estuvieron marcadas por las montañas, las estrellas y el cielo, la más reciente incorpora una historia más compleja. “Volcánica”, su colección más reciente, toma como punto de partida la erupción del volcán Caulle-Puyehue en 2011, que cubrió de ceniza amplias zonas de la región y transformó la vida cotidiana de sus habitantes.

Vivir en Villa La Angostura también cambió su manera de organizar su trabajo. “Si llueve y tengo ganas de crear me quedo en el taller y si hay sol, me permito subir a una montaña, esa libertad para escucharme me parece lo más lindo que me puede pasar a nivel creativo”, cuenta. 

Desde su taller, MadreSelva funciona como una pequeña maqueta del mundo que Micaela habita, un lugar donde la naturaleza se convierte en amuleto.

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