Museo Nant Fach: tradición e historia en movimiento

En Trevelin, un antiguo molino harinero recupera la memoria de los colonos galeses y propone un viaje a los orígenes agrícolas de la Patagonia.

2:30 minTambién se puede escuchar

GUIDES

Fotos: Clara Bustinduy

En el Molino Harinero Nant Fach, el agua corre por los canales, impulsa una rueda hidráulica y pone en movimiento una maquinaria que todavía transforma los granos de trigo en harina. A unos 17 kilómetros de Trevelin, sobre la Ruta Provincial 259, este museo vivo invita a descubrir una parte de la identidad patagónica que nació del encuentro entre una comunidad de inmigrantes y un territorio que adoptó la agricultura y, aún hoy, se caracteriza por la ruralidad.

La historia se remonta a fines del siglo XIX, cuando familias galesas llegaron al Valle 16 de Octubre y comenzaron a desarrollar una economía agrícola en las tierras cordilleranas. El trigo encontró allí condiciones favorables y llegó a cosechar reconocimientos internacionales en exposiciones de París y Chicago. Los molinos fueron piezas fundamentales de aquella prosperidad, hasta que los cambios económicos y administrativos de mediados del siglo XX provocaron el declive de la actividad. Con su desaparición, también comenzó a diluirse una parte de la memoria productiva de la región.

Recuperarla fue el proyecto de Mervyn Evans, descendiente de aquellos pioneros, que en 1994 empezó a dibujar los planos de un molino inspirado en las construcciones tradicionales. Dos años después abrió sus puertas Nant Fach, nombre galés que significa “arroyo pequeño”. Lo que comenzó como una iniciativa personal se convirtió en un espacio dedicado a preservar las costumbres, los oficios y la vida cotidiana de los primeros pobladores. En 2026, la Municipalidad de Trevelin reconoció sus tres décadas de trabajo en favor del patrimonio cultural.

La visita permite acercarse a ese pasado de una manera tangible. Además de observar el funcionamiento del molino y su sistema hidráulico, el recorrido guiado revela una colección de herramientas, documentos, vajilla, vestimenta e instrumentos musicales. Una recreación de antiguos espacios del pueblo, como la escuela, el almacén y la oficina de correos y telégrafo, ayuda a imaginar cómo transcurría la vida en aquellos años. La experiencia propone comprender cómo se trabajaba, se producía y se construía comunidad en el valle.

Nant Fach forma parte de la Ruta Galesa, un itinerario que conecta la herencia cultural de Trevelin con sus paisajes rurales y cordilleranos. La visita puede combinarse con otros atractivos de la zona, como las cascadas Nant y Fall, las capillas históricas, las casas de té y las bodegas que hoy dan forma a una nueva etapa productiva del valle.

El molino de Trevelin es una historia que sigue en movimiento, un lugar que recuerda que la identidad de un pueblo también se conserva en los gestos cotidianos, en los oficios transmitidos y en la voluntad de mantener viva una herencia para las generaciones que vienen.

La visita se realiza mediante un recorrido guiado de aproximadamente cuarenta y cinco minutos a una hora, aunque conviene dedicarle un poco más de tiempo para recorrer el museo sin apuros y contemplar la colección.

El molino abre sus puertas durante todo el año de 9:00 a 19:00 horas. Las tarifas para octubre de 2026 son de $25.000 para público general y extranjeros, $20.000 para jubilados y estudiantes, y $10.000 para residentes locales y niños de 6 a 12 años.

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