· Villa la Angostura
48 horas en Villa La Angostura: esquí, relax y sabores
Nieve, bienestar, paisajes y buena gastronomía: un plan para viajeros con propósito que buscan disfrutar lo mejor del invierno en la Patagonia.

COMPARTIR / SHARE 

Villa la Angostura combina una escala íntima con algunos de los paisajes más emblemáticos de la Patagonia argentina. Rodeada de bosques, lagos, montañas y tres Parques Nacionales, se encuentra a sólo 83 kilómetros de Bariloche y a 110 de San Martín de los Andes, siguiendo la emblemática Ruta de los Siete Lagos.

En invierno, cuando las montañas se cubren de nieve, la Villa propone una experiencia diferente a la de los grandes centros de montaña. Aquí el lujo no está necesariamente en hacer más, sino en elegir bien qué hacer. Un día de esquí, una tarde frente al lago, una cena relajada y una caminata entre bosques pueden ser suficientes para entender el espíritu del lugar.

Este es un itinerario pensado para aprovechar 48 horas en Villa La Angostura sin convertir el viaje en una carrera. Dos días para esquiar, descansar, comer bien y dejar que el paisaje marque el ritmo.

 
La llegada: vistas que quitan el aliento

Alojarse en el Hotel Correntoso Lake & River es elegir una historia antes de empezar a vivir la propia. Fundado en 1917 por Primo Capraro y Rosa Maier, inmigrantes italianos que llegaron a la Patagonia con la intuición de los pioneros, el hotel nació como refugio para pescadores en uno de los lugares más privilegiados de la región: la desembocadura del río Correntoso en el lago Nahuel Huapi. Más de un siglo después, ese origen sigue presente en cada detalle. 

Miembro de Small Luxury Hotels, el Correntoso combina esa memoria con hospitalidad contemporánea. Las habitaciones del Ala del Lago, inaugurada en 2010, están orientadas hacia los atardeceres del Nahuel Huapi, cambiando de color durante minutos que parecen detener el tiempo. El primer gesto al llegar es sencillo y necesario: dejar el equipaje, sentarse frente al lago y no hacer nada más. 

Cerro Bayo: esquí boutique con vista a la cordillera

La mañana del primer día tiene un destino claro: el Cerro Bayo a sólo 9 kilómetros de la ciudad. Dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi, con 126 hectáreas esquiables, 24 pistas de cuatro niveles de dificultad y un desnivel de 700 metros, el cerro ofrece lo suficiente para que el esquiador con experiencia encuentre desafío y, el que busca placer, encuentre calma.

El descenso máximo ininterrumpido de seis kilómetros por el Camino Panorámico -con el lago Nahuel Huapi desplegándose durante todo el recorrido- es una de esas experiencias que justifican el viaje por sí solas. Los cuatro itinerarios fuera de pista son para quienes el esquí es también una forma de exploración. Y los seis paradores distribuidos en la montaña permiten hacer una pausa reparadora con vistas panorámicas. A media mañana, un chocolate caliente en la cima. Al mediodía, un almuerzo ligero con la montaña como fondo. Por la tarde, los últimos descensos con la luz cambiando sobre la nieve. 

El regreso: spa frente al lago

De vuelta en el hotel, el Spa & Herbal Hammam del Correntoso espera con la lógica perfecta de lo que debe ser el bienestar en la montaña: agua tibia, vapor, hierbas y silencio. Inspirado en los antiguos rituales orientales, el espacio integra una infinity pool climatizada interior-exterior con vista al lago y las montañas, circuito de sauna y una selección de tratamientos que incluyen masajes con piedras calientes, exfoliaciones con lavanda y terapias con aceites esenciales. Desde la piscina, con el vapor sobre la superficie del agua y el Nahuel Huapi al fondo, la tarde patagónica se despide lentamente.

Salida gastronómica al centro

Salir para conocer el centro es siempre una tentación y Pistach’ restó es la excusa, con una propuesta ecléctica construida sobre el respeto por la técnica y los productos, con el lema “sabores de aquí y de allá”.

La carta combina impronta francesa e italiana con clásicos regionales: cazuela de cordero, lomo de trucha, pastas caseras y pizzas de masa madre. Todo con productos frescos y de estación, hierbas de huerta propia y técnicas de alta cocina. La carta de vinos recorre distintas regiones del país. Los cócteles clásicos funcionan como aperitivo y como cierre. El ambiente está pensado para quedarse. Sin embargo, la vuelta al hotel resulta imperiosa para descansar. 

Desayuno y check out

El desayuno en el Correntoso merece tiempo, es un momento de transición en que la estadía empieza a despedirse sin apuro, con el café recién hecho, el aroma del pan tostado y la delicadeza de la pastelería para el primer ritual del día. Check out a la mañana, pero el día todavía tiene mucho por dar.

Caminata al itsmo

El nombre de Villa La Angostura viene del istmo que conecta la localidad con la península de Quetrihué, esa delgada franja de tierra que separa el lago Nahuel Huapi en dos y que es la puerta de entrada terrestre al Parque Nacional Los Arrayanes. Caminar hasta los miradores es uno de esos planes que no requieren esfuerzo y recompensan los sentidos.
Desde Bahía Brava, el sendero sube con una pendiente suave hacia dos balcones naturales que ofrecen perspectivas distintas y complementarias. El Mirador Brazo Norte abre una vista sobre el Brazo Machete del lago: agua quieta entre bosques nevados, cerros que se reflejan en la superficie. El Mirador Bahía Mansa muestra el istmo desde arriba, la Residencia El Messidor y Villa La Angostura extendida a los pies de los cerros. En invierno, con nieve en los senderos y el bosque inmóvil alrededor, la caminata tiene una dimensión casi meditativa.

 
Merienda en Guermantes Casa de Té

El regreso al centro tiene una parada obligada. Sobre la Avenida Arrayanes, Guermantes es el tipo de lugar que los viajeros descubren por casualidad y al que los locales vuelven siempre. Macarons, scones de queso, croissants, sándwiches, tortas, alfajores y otras especialidades de pastelería se combinan con una selección de tés en hebras y cafetería de especialidad para disfrutar de una merienda memorable.

Dos días para recordar

Villa La Angostura tiene suficientes actividades para llenar una semana y más también. Pero dos días bien pensados pueden alcanzar para descubrir algo de su carácter.
Un día de esquí en Cerro Bayo. Una tarde de relax frente al Nahuel Huapi. Una cena sin apuro. Un despertar frente al lago. Una caminata por la península Quetrihué. Una última merienda antes de seguir viaje. El verdadero lujo no está en acumular experiencias, sino en elegir aquellas que permiten establecer una relación con el lugar.

Travelers' Map is loading...
If you see this after your page is loaded completely, leafletJS files are missing.

Estamos siempre disponibles:

Estamos siempre disponibles:

SUSCRIPCIÓN NEWSLETTER